Estrellas muertas

Cada átomo de nuestro cuerpo tiene su origen en una antigua estrella.

Michelle Thaller, astrónoma de la NASA, explica en el siguiente vídeo cómo el hierro de nuestra sangre nos conecta con uno de los actos más violentos del universo -la explosión de una supernova- y qué aspecto tendrá el universo cuando las estrellas se extingan….

¿Qué es la existencia humana? ¿Cómo podemos resumirla? Resulta ser bastante simple: somos estrellas muertas recordando el pasado cada vez que miramos el cielo. Todo lo que somos, todos los átomos de nuestros cuerpo vienen del instante anterior a la muerte de una estrella.

El universo entero empezó únicamente con el elemento hidrógeno, el átomo más simple que existe. La tabla periódica al completo, cada elemento sobre el que has oído hablar alguna vez, fue procesado en el interior del cuerpo de una estrella que un día explotó. Y aquí estamos.

Los humanos han pensado durante miles de años que las estrellas son eternas, pero las estrellas se consumirán algún día. Las estrellas, tal como las conocemos, desaparecerán dentro de algunos billones de años y el universo se quedará oscuro para siempre.

Pensándolo de ese modo, actualmente vivimos en el jardín del Edén. Vivimos en un periodo en el que el sol derrama energía libre, que nosotros usamos y desarrollamos. ¡Qué increíble es esto! Este periodo solo será una parte diminuta en la historia del universo. Todo lo demás será oscuridad. Te hace pensar en qué maravillosa es la vida humana en este momento y qué maravilloso es este tiempo en el universo. Me pregunto si algún día la gente tendrá mitos sobre el tiempo en que las estrellas “llovían” luz solar y energía gratuita.

Anuncios

Todo vale: nada estorba

Hoy se me ha ocurrido, mientras salía de la cama con paso torpe y remolón, que todo cuenta, todo contribuye, todo sirve para algo. Un momento antes, había pensado que era un día gris y feo y que eso, si no me entristece, tampoco me alegra. Luego me he dicho que no paro de quejarme y que es lo mismo de siempre y blablabla, y a continuación que ya vale de regañarse y todo ese rollo de acusaciones y líos varios dentro de mí.

Ahí es cuando de repente me he dado cuenta de que todo tiene su papel. Equivocarse una y otra vez, enfadarse, entristecerse, estar de buen o mal humor, alegrarse, reírse. Son formas de pasar el tiempo de nuestra vida que nos hacen, que nos crean de la forma que somos. Todas las actividades, todos los sueños, todas las pesadillas. He pensado que no tiene sentido regañarse por no cumplir aquello que nos han enseñado o que creemos que es lo correcto. Lo único que tiene sentido es cuidar de nosotros mismos y entender que somos un montón de cosas diferentes (una persona, un universo) y ninguna de ellas está fuera de lugar, ninguna estorba. ¿Hay algo en el universo que no sirva, que sobre? Yo creo que no. Hoy, hoy al menos, no sobra nada dentro de mí. Tampoco falta.

universos

Soy una mosca

Soy una mosca, soy una gamba, soy una cierva.

Soy nada, soy algo, quizás.

Lo que se puede imaginar,

Lo que nunca revelo.

lo que se queda en mi inconsciente,

y no me lo cuento ni a mí.

Soy un libro, soy una hoja, soy una piedra

soy un ser vivo,

aunque me muera a ratos,

y a ratos vuelva a vivir.

Soy un poco de cariño y un poco de odio,

soy una sonrisa y soy una mueca,

soy iras, alegrías, miedos, dudas,

entusiasmos, bloqueos, sorpresas,

Soy tan grande como el universo,

y aún más que él.

Soy sus vientos y sus mares,

sus soles, sus agujeros.

Soy todo, nada, algo, un poquito más.

Soy esa. ¿Lo sabes ya?

Gracias, día

Otro domingo más: remolonear en la cama, refugiarme del frío de fuera debajo de las sábanas y el edredón, sentir el calor y la comodidad, un poco de paz, otro poco de alegría, una dulce pereza. Levantarme tarde y pensar sin agobios en las cosas por hacer, pensar que tengo ganas de abordarlas. Muchas veces mi alegría depende de cómo he dormido y de cómo es el día. Hoy: frío pero soleado; he dormido bien. Tengo ganas de ir al parque, ganas de besar, de comer, de sentir, un día con ganas de vivir mi vida sin ponerle, ponerme pegas.

Ayer leí las dedicatorias de la carátula de un disco de escasa difusión que fue lanzado este año. Me sorprendieron las de la cantante; en realidad, eran una lista de agradecimientos: a sus padres, sus hermanos, su abuelita, sus amigos; pero también a su propio corazón, que la había guiado por el camino correcto, y el universo, que siempre la escuchaba y respondía con su sabiduría infinita. Me sorprendieron por su belleza y por su sencillez, por el amor y contento con la vida que transmitía. Yo también tengo muchos motivos para estar contenta, muchos motivos para estar agradecida, pero a menudo se me olvidan en el día a día. A veces, más que pensar que el universo, mi corazón o los demás están ahí para apoyarme, escucharme y atenderme, me imagino todo lo contrario: que todo está en mi contra, que nada va cómo yo quiero, que me equivoco tomando decisiones y acabo yendo por el camino erróneo. A veces tengo demasiado miedo para dejarme llevar.

Pero yo sigo aprendiendo. En realidad toda la vida es un aprendizaje. Puedo aprender algo nuevo cada día y también puedo ponerlo en práctica. Hoy va a ser un día para empezar a agradecer. Hoy, al menos. Para que cuando vuelva el resentimiento o la culpa, sé que lo hará, me acuerde de este día, de ese disco y de lo que pensé después. Quizá así pueda mitigarla: quizá pueda volver a empezar un día como el de hoy.

gracias

universo