¿Así conduzco mi vida?

Era la carretera que llevaba a mi casa. Yo iba en coche; conducía. Sin darme cuenta, hacía el movimiento de coger algo de la guantera justo cuando tenía que cambiar ligeramente la dirección del coche para tomar un desvío. Entonces comprendía que ya era demasiado tarde para cambiar los brazos y cogía la curva de mala manera, con los brazos entrelazados. Me decía que debía frenar, pero tampoco podía mover los pies. Era como si de repente no alcanzara a los pedales. Llena de espanto, pensaba que no podía ir tan deprisa por una calle cuando no tenía control del vehículo; mis brazos seguían pegados, incapaces de hacer cualquier movimiento, mis pies no conseguían encontrar los pedales.

Me he despertado asustada. Estaba a punto de chocar contra un coche aparcado. 

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