El circo no es nuestro

No elegimos sistema electoral. No elegimos su configuración, no elegimos su proceso, no elegimos su organización, no elegimos las leyes que lo rigen. No elegimos si es pertinente o no tenerlo ni las alternativas posibles al mismo.

No elegimos a las personas que se presentan para “representarnos”. No elegimos su número, no elegimos su función. No elegimos su salario. No elegimos su forma de trabajo. No elegimos si es mejor contar con ellas o no.

No elegimos forma de gobierno. No elegimos al jefe de estado. No elegimos la pertinencia o no de esta figura. No elegimos su lugar de residencia. No elegimos su asignación económica.

No elegimos fecha para la no elección.

No elegimos lugar.

No elegimos forma de votación. No elegimos que votar por el método de introducir un sobre en una urna es la opción más beneficiosa para todos. No elegimos pagar por que nos envíen esos sobres a casa. No elegimos si lo queremos.

No elegimos las leyes o normas que crearán los “representantes” que no elegimos. No elegimos la importancia, no elegimos el orden, no elegimos el tema.

No elegimos cómo se invertirá el dinero que nos retirarán sin elegirlo. No elegimos la cantidad. No elegimos los destinatarios. No elegimos la ocasión.

No elegimos ser parte o no del proceso. No elegimos entrar o salir de él.

No elegimos ser engañados con la idea de que somos los verdaderos protagonistas de la función. No elegimos la ilusión de que unas elecciones son decisivas y pueden cambiar algo.

No hemos elegido el circo. No son nuestros los payasos. elecciones generales

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Odios sociales

La televisión sigue siendo la plataforma por excelencia de embrutecimiento y adocenamiento masivo, en la tele todos son risas y estupideces y tetas gordas y hombres babosos; todos son gritos y burlas y más risas imbéciles. 

Siempre he dicho que el fútbol es como una secta a la que es pecado no pertenecer. Me molesta su sobreimportancia, sus alardes, sus aires de grandeza. Como si tuviera alguna repercusión real en la vida de las personas. Lo cierto es que no es nada. Una mierda: un grupo de paletos peleándose por un balón en el campo y millones de besugos siguiendo el ritmo de esa pelota por televisión, discutiendo por su trayectoria, odiando a personas por el color de su camiseta. 

Odio tanto como amo. Odio luego amo, y a la inversa. Amar. Odiar. ¿Y qué?

No votaré en las próximas elecciones. Nadie me ha preguntado si estoy de acuerdo. Me niego a participar en su juego.